Recientemente ha aparecido en Infonomía un artículo sobre un tipo de economía que se nos avecina, «una economía de ayuda». Pone un ejemplo muy gráfico : una farmacia debería estar totalmente automatizada (algunas ya lo están) a la hora de buscar las especialidades, de manera que la farmacéutica pueda dedicar su tiempo a asesorar (ayudar) a la persona, en lugar de a ser un puro engranaje del mecanismo de logística final. Que se pueda dedicar al valor añadido de ayudar al cliente dejando las rutinas mecánicas a una máquina.
Otro ejemplo de economía de ayuda lo encontramos en los servicios a domicilio: el servicio de apoyo para la instalación de ordenadores domésticos, las clases particulares para los niños, o los servicios a personas dependientes, que no harán más que crecer como consecuencia de los mayores compromisos horarios de los padres.
También se resalta en el artículo que una línea que merecerá especial atención es la de las ayudas online. Hoy, ésto se reduce en excesivas ocasiones a la posibilidad de enviar un correo electrónico a la empresa, como quién envía con esperanza una botella al mar, pero pronto podremos conectarnos mediante vídeo de calidad con un “asistente virtual”, cuya misión será ayudarnos en ese mismo instante. Algo así ya lo vemos hoy en espacios digitales de gran consumo, como en el LiveHelp de eBay o la señorita Anna de IKEA.

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